Beato Padre Damián de Molokai

San Damián y Santa Mariana, apóstoles en Molokai.
Se llamaba Jozef Van Veuster, pero todos los conocemos como el Padre Damián de Molokai. Nació el 3 de enero de 1840, en Tremeloo, Bélgica. Lo han llamado “el leproso voluntario”, porque con tal de poder atender a los leprosos que estaban en total abandono, aceptó volverse leproso como ellos.
De pequeño en la escuela ya gozaba haciendo como obras manuales, casitas como la de los misioneros en las selvas. Tenía ese deseo interior de ir un día a lejanas tierras a misionar.
De joven fue arrollado por una carroza, y se levantó sin ninguna herida. El médico que lo revisó exclamó: “Este muchacho tiene energías para emprender trabajos muy grandes”.
Un día, siendo apenas de ocho años dispuso irse con su hermanita a vivir como ermitaños en un bosque solitario, a dedicarse a la oración. El susto de la familia fue grande cuando notó su desaparición. Afortunadamente unos campesinos los encontraron por allá y los devolvieron a casa. La mamá se preguntaba: ¿qué será lo que a este niño le espera en el futuro?
Casa natal del Padre Damián en Tremeloo, BélgicaA los 17 años José estudia comercio y francés en Braine le Compte para ayudar a su padre en el negocio del grano. Cada atardecer visitaba el sagrario de alguna iglesia. Entró un día en su parroquia cuando predicaba un misionero redentorista: «Los goces de este mundo pasan pronto… Lo que se sufre por Dios permanece para siempre… El alma que se eleva a Dios arrastra en pos de sía otras almas… Morir por Dios es vivir verdaderamente y hacer vivir a los demás». No dejó para mañana su sí.
A su padre la noticia le derrumbó sus planes. Pero vino a decir si Dios cuenta contigo… El primero. Y el día 3 de enero de 1859 él mismo acompañaba a su hijo al convento de los Sagrados Corazones de Lovaina. A los 19 años tenía una vocación decidida y estaba bien dotado: inteligente, dinámico, afable, robusto y hasta guapo, el joven causó buena impresión. Pero, ¿sacerdote? Demasiado mayor para aprender latín y Humanidades. Será un buen hermano
coadjutor. José acepta tranquilo y confía en Dios. El 2 de febrero de 1859 viste el hábito con el nombre de Damián. A todos admira su actividad: tan pronto arregla un tejado como cura la vaca del vecino, como… ¡estudia latín! A marchas forzadas. Su hermano ha obtenido permiso para enseñarle en horas extras y pronto se le verá en la fila de los aspirantes al sacerdocio.
Todas las noches iba a postrarse ante un cuadro de San Francisco Javier. Un día, lo sorprendió el padre Maestro: ¿Qué hace aquí a estas horas? Le pido que me obtenga la gracia de ser misionero. Su «impaciente» gemelo navarro actuó rápido. En Teología estaba cuando llegó a Europa el Vicario apostólico de Hawai, con el fin de reclutar sacerdotes. Uno de los elegidos fue el padre Pánfilo, el cual, en vísperas de la partida, enfermó de tifus asistiendo a los apestados de Lovaina. El padre Damián pidió y obtuvo sustituirle. Acto seguido el padre Pánfilo sanó, favor que el padre Damián fue a agradecer al santuario de Monteagudo. Allí, al amanecer, ante la tierna mirada de María, anegados los ojos en lágrimas, dio un último y apretado abrazo a sus padres.
Se cuenta que en los 140 días de navegación arreciaron tormentas. Los pasajeros, hechos unas “sopas”, pero el padre Damián no tuvo tiempo de marearse, ocupado con sus prácticas de enfermero.