San Elias, profeta

Nació el profeta en la Transjordania, hacia el año 900 a. de J. C. Es decir, ya consumada la división del pueblo escogido en dos reinos: al norte, el reino de Israel, con capital en Samaria; al sur, el reino de Judá, con capital en Jerusalén. Mientras el profeta crece ignorado, la situación política y religiosa del reino del Norte se va perfilando. El heredero del trono, Ajab, se ha casado con la hija del rey fenicio Itobaal. El matrimonio ha conseguido paz y buenas relaciones comerciales con los navegantes fenicios; pero ha traído una reina extranjera, devota servidora de los dioses fenicios, Jezabel.

Mujer dominadora y sin escrúpulos, sabe empujar al marido o actuar por cuenta propia. Cuando el rey fracasa en su intento de comprar la viña de Nabot, Jezabel levanta una calumnia contra Nabot, le hace asesinar con apariencia legal y entrega triunfante la viña a su marido. Y lo mismo que elimina a un rico provinciano persigue a muerte a los profetas de Yahvé. Sólo se salva un centenar, porque el mayordomo del rey, Abdias, los esconde en cavernas y los alimenta durante la época de máximo peligro. Entre los profetas de Yahvé uno lleva un nombre significativo: “Eliyahu” o sea: “Yahvé es mi Dios”. Elías se salva en un retiro de su región natal y en una ciudad fenicia llamada Sarepta.

Hasta que le llegó el momento de actuar. Elías había predicho unos años de sequía como castigo por las idolatrías; el hambre arreciaba en Samaria cuando reapareció Elías, profeta del castigo y mediador de la conversión.

El rey se encontró con Elías y le dijo: “¿Eres tú, ruina de Israel?” “No arruino yo a Israel, sino tú y tu familia, porque habéis abandonado la ley de Yahvé y servís a los baales. Pero ahora congrégame todo Israel en el monte Carmelo, y también a los 450 profetas de Baal que comen a la mesa de Jezabel”.

Convocó Ajab a los hijos de Israel y congregó a los profetas en el monte Carmelo. Acercóse Elías al pueblo y le dijo: “¿Hasta cuándo estaréis cojeando a dos muletas? Si Yahvé es el Dios, seguidle; si es Baal, seguidle a él”. El pueblo no respondió palabra. Dijo Elías: “Soy el único profeta de Yahvé que queda, mientras los profetas de Baal son 450. Que nos traigan dos novillos: que escojan ellos uno, lo despedacen, lo coloquen sobre la leña sin aplicar fuego; yo prepararé el otro sobre la leña sin aplicar fuego. Invocad después el nombre de vuestro dios, yo invocaré el nombre de Yahvé. Y el dios que conteste con fuego, ése es Dios”. El pueblo respondió: “Está bien”.

Tomaron los profetas el novillo, lo prepararon e invocaron el nombre de Baal, de la mañana al mediodía, diciendo: “¡Oh Baal, respóndenos”; y no había voz ni había respuesta; y danzaban en torno al altar que habían hecho. Al mediodía se burlaba de ellos Elías diciendo: “Gritad con voz fuerte; dios es, pero está ocupado o atareado, o está de viaje, o duerme y se despertará”. Y gritaban en voz alta, y se sajaban con espadas y lanzas, según su costumbre, hasta derramar sangre. Pasado el mediodía vaticinaban; pero no había voz, ni había respuesta, ni había atención.

Entonces Elías dijo al pueblo. “Acercaos”. Y se acercaron. Restauró el altar de Yahvé e hizo una zanja de dos satos de capacidad en torno al altar. Amontonó la leña, despedazó el novillo, le colocó sobre la leña. Y dijo: “Llenad cuatro cántaros de agua y derramadla sobre la víctima y la leña”. “Otra vez”; y lo repitieron. “Otra vez”; y lo hicieron tercera vez. El agua corría en torno al altar y llenaba la zanja. A la hora de la ofrenda vespertina Elías oró: “Yahvé, Dios de Abraham, Isaac e Israel; sépase hoy que tú eres el Dios de Israel, y yo tu siervo, que por tu orden he hecho esto. Respóndeme, Yahvé; respóndeme; sepa este pueblo que tú eres Yahvé, el Dios, que conviertes los corazones a Ti”. Y cayó el fuego de Yahvé, devoró la víctima y la leña, las piedras y el polvo, y lamió las aguas de la zanja. Violo el pueblo, y cayó rostro a tierra diciendo: “Yahvé es Dios, Yahvé es Dios”. Y dijo Elías: “Prended a los profetas de Baal, que no se salve ni uno”; y los prendieron. Elías los bajó al torrente Cisón y los mató allí.